Momentos oscuros que requieren los colores de la bandera

“Azul, blanca y colorá’, lleva en el centro una estrella. ¡Qué bonita bandera, es la bandera puertorriqueña”.

El 5 de julio de 2016, el Viejo San Juan despertó con la emblemática “puerta de la bandera” transformada. La monoestrellada había sido monocromatizada. La misma bandera que era delito izar en Puerto Rico entre 1898 y 1952. El azul y el rojo habían sido reemplazados con un lúgubre color negro. Ya había visto una así en Santurce es Ley. Para mí, fue un golpetazo enfrentarme de repente a la imagen. Reconozco que me sacudió. Varias posibilidades de lo que podría significar pasaron por mi mente. Después pensé en vandalismo, luego que era un truco hecho con alguna aplicación. De inmediato el humor boricua surgió con memes y foto-montajes ‘gufeándose’ el asunto. Pensé en lo saturadas que por años, han estado las redes con las miles de fotos en la famosa puerta de la bandera, muchas veces (demasiadas) por personas que ni siquiera conocen la historia y significado de la nuestra bandera. Me dije: “Pachín Marín y Betances deben estar revolcándose en la tumba”.

Me puse a buscar y había mucha información que se contradecía corriendo. Aparentemente con esta puerta hicieron lo mismo hace 4 años. Descubrí que el arte de la famosa puerta está a cargo de una artista (algunas fuentes dicen que son varias artistas). Supuestamente el color negro significa la muerte de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) a causa de la Junta de Control Fiscal. ¡Ja! Como si alguna vez esos poderes han sido plenos con esta condición colonial ya añeja.

Incrédulo fui a mi Viejo San Juan a ver si en efecto era cierto que la habían pintado. Antes de reaccionar, quise saber si mi controversia interna al respecto se basaba en un hecho real o un truco de cámara. Cuando llego a la calle San José, me enfrento a una fila de gente ardientes por tomarse ‘selfies’ con la bandera monocromática. No lo podía creer. No había indignación ni aprobación, solo curiosidad y el ferviente deseo de una foto pa’l Facebook. Poses y sonrisas frente a la lúgubre bandera. Personalmente no me gustó que pintaran la puerta de negro, pero tampoco me indignó. Sí lo hizo la reacción de la gente, en la calle San José y en las redes sociales. Un grupo de manifestantes llegó con flores, velas y un cartel. Obviamente fluyendo con el alegado valor del color negro en la bandera. Por supuesto no se fueron sin su foto. Supongo que para evidenciar en las redes sociales su indignación. Últimamente el nivel de indignación se mide en ‘Likes’.
Me puse a hablar con el empleado del negocio de al lado y ambos observamos a una joven que venía sacando su cámara de la cartera. Cuando por fin la saca, se enfrenta a la imagen de la puerta. Por su expresión se notaba que no sabía del acontecimiento. No tomó ninguna foto. Se acercó a preguntarnos qué había pasado. En la conversación nos contó que venía a tomarse una foto en honor de su amigo fallecido en la masacre de Orlando quien se había tomado una foto allí días antes de morir baleado en Florida, EU. Lucía frustrada. 

Narrado mi encuentro con la bandera y con muchos boricuas bestiales, llegué a una opinión al respecto. Después del golpetazo, los memes, la información y los boricuas bestiales, debo confesar que fue muy triste enfrentar la ‘manifestación artística’. Al final no es más que otra queja. Y es que no pasamos de esa queja y seguimos culpando a los políticos de nuestra situación, lúgubre para algunos. ¿Cómodo no? Hemos sido nosotros quienes hemos perpetuado, por unos 50 años, el bipartidismo. Lo frustrante es que, cuando se habla del daño que han hecho los líderes de los partidos tradicionales, la mayoría de la gente se manifiesta en acuerdo con esa premisa. Sin embargo, cada 4 años hacemos lo mismo. Entonces cuando deciden no apoyarlos, optan por no ir a votar tampoco. Queremos un país mejor pero no queremos dar nada a cambio. No nos atrevemos a pensar diferente, a mirar nuevos líderes o a ser líderes. Tenemos una crisis de liderazgo. Las protestas están vacías o las mal utilizamos. No protestamos por lo que lo requiere. Apoyamos, por ejemplo, la fonda de Papo porque no nos cobra IVU, pero queremos que el gobierno tenga chavos pa’ operar. Conducimos a lo loco pero llegamos a Florida a llevar los nenes a Disney y conducimos como monjitas de la caridad. Ensuciamos las playas, formamos motines en las Patronales, etc. Nos dividimos con lo que sea: NBA, populares vs penepés, Yanquis vs Medias Rojas, Idol Kids, etc. 

Lo que quiero decir es que, de una forma u otra, somos co autores, por acción u omisión, de la crisis de hoy. Podemos pintar banderas del color que sea, hacer campamentos de desobediencia civil, usar nuestro tantas veces mal utilizado derecho a protestar y más. Pero si no salimos del bipartidismo, si no nos unimos masivamente en una sola voz, si no llegamos a un consenso sobre la visión de país que queremos, estamos condenados al fracaso como nación. Estamos viendo la vida a través de la pantalla del celular y requiere que la veamos de frente y con las manos libres para luchar.

Lo de la bandera negra no va a pasar de ahí. Como cada cosa tardará unos días en lo que se olvida. Lo que observé en él área de la puerta demuestra que aún no estamos conscientes del lío que tenemos encima. Curiosamente a pasos de la bandera negra, hay una bandera de Puerto Rico flotando sobre un balcón. Nadie la notó. Esa sí me representa…esa me recuerda a quienes la diseñaron y sus razones, esa me recuerda que todavía aquí estamos vivos. ¡Manos a la obra!

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About Héctor Colón

Si esta aventura de escribir va a alguna parte no lo sé. Si ayuda, entretiene, invita a la reflexión, a la burla, la risa, sirve de laxante o lo que sea…eso es algo…pero estoy abierto a las invitaciones y provocaciones de la vida al respecto. Nydia Caro cantaba “Solo canto por cantar”. Yo podría decir que solo escribo por escribir. Bienvenido/a el/la que desee acompañarme…
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One Response to Momentos oscuros que requieren los colores de la bandera

  1. Lyli Franco says:

    Extaciada siempre con tus palabras Hector!! Dá gusto leer todo lo que escribes y disfrutar los relatos de todas tus aventuras. Tienes toda la razón en las cosas que dices.

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